Emilia de Tolcachir o el amor a un maltratador

14/02/2014 by Nuria

EmiliaTolcachir_pLo primero que sorprende es que los actores no hablan con acento argentino. Lo √ļltimo, que no ha sido una obra tan moderna como te esperabas. Y que no has re√≠do. Vamos al teatro, a una cita, con prejuicios, preveyendo lo que puede ocurrir. La frustraci√≥n de expectativas suele ser buena. La realidad, el otro, es capaz de sorprenderte y salirse del gui√≥n que le hab√≠as escrito mentalmente. Tolcachir ha vuelto a hacerlo, porque Emilia es muy diferente de El tercer cuerpo y de La omisi√≥n de la familia Coleman. Aunque continua habiendo las tensiones de un grupo cerrado, se acab√≥ la comedia y el humor √°cido. Emilia es una tragedia in crescendo a la manera griega. Es una obra cl√°sica, s√≠. Y eso en teatro, y m√°s en Tolcachir, sorprende. Es un gesto de osad√≠a, como los pintores que vuelven al realismo despu√©s de la abstracci√≥n. No s√© porque al teatro y a las artes pl√°sticas les pedimos tanta originalidad. Mucho m√°s que a una novela o la poes√≠a. No dir√© que es un paso atr√°s porque yo misma en Al v√©rtigo lo he hecho. Significa recuperar la cordura (aunque sea formal) en obras que tem√°ticamente est√°n carentes de ella. Tanto en el caso de Tolcachir como en el m√≠o, la crispaci√≥n y la locura es tan grande, que no hay que vestir de locos los personajes, ni que hablen como si lo fueran a la manera de Arrabal o Ionesco. No son extravagantes, sino simples ciudadanos que enloquecen o degeneran. A

Patricia Highsmith le gustaba averiguar c√≥mo personas aparentemente normales pod√≠an volverse asesinos. Tolcachir nos plantea el mismo debate. Nos presenta a un marido atento, demasiado, que llega a matar. Emilia es la historia de un maltratador, no podemos decir de un asesino, porque mata, aparentemente, por accidente. Un homicidio sin premeditaci√≥n que, sin embargo, era desgraciadamente previsible. La crispaci√≥n, la tensi√≥n era tan grande, tan reprimida, tan alusiva a un pasado violento, que el ataque definitivo cuando ella quiere irse de casa acaba estallando. Tolcachir no criminaliza a priori el personaje del marido. Al rev√©s, Walter es simp√°tico, y est√° pendiente de todo; es el que tira del carro y soporta a una mujer rara y a un hijo inaguantable. Y cae tan bien porque lo vemos a trav√©s de su nodriza, Emilia, y ella lo quiere tanto… Nos brinda su tierna imagen infantil y apuesta a su favor. Tolcachir no nos dice: los maltratadores son demonios ni psic√≥patas terror√≠ficos, sino que pueden ser buenos y campechanos como Alfonso Lara que no para de hablar ni de ganarse al p√ļblico. Eso s√≠, tienen tres grandes defectos: son posesivos, dictadores y de car√°cter muy fuerte. No se puede querer ni re√≠r a la fuerza. Ni controlar qu√© debe hacer cada uno, cu√°ndo y c√≥mo. Todo debe hacerse ‚Äúa su manera‚ÄĚ. El hijo (en un papel siempre dif√≠cil para un actor adulto, que aqu√≠ se soluciona bastante bien rebajando tonter√≠as y aumentando histerismo) es el espejo de la tensi√≥n familiar. Su desconcierto, acelerado, nervioso, mimado y torpe es un reflejo del desconcierto general. La mujer es un alma en pena. Introvertida, perdida. La esposa callada que aguanta y no explica su drama, hasta que no puede m√°s y huye. Malena Alterio lo interpreta muy bien, pero, si fuera el director, la hubiera hecho actuar m√°s y con m√°s exageraci√≥n. Ya s√© que es de lo que se trataba, pero es demasiado buena actriz para pasar desapercibida. Hacerla dar vueltas por los cojines como un espectro infantil no acaba de funcionar. El decorado del mobiliario vol√°til colgado del techo es est√©tico y simb√≥lico, pero el cuadrado donde se desarrolla la acci√≥n es poco interesante.

Muchos espectadores dudar√°n de la maldad del marido y no estar√°n de acuerdo en que lo califique de maltratador, a pesar de las escenas de violencia y de matar a su mujer. ¬°La quer√≠a tanto!, me objetar√°n. Puestos a decir, √©l era un santo por aguantarla. La mata sin querer. Hay que tener cuidado con esta defensa. Eviten dejarse embaucar por la alegr√≠a de la nodriza al reencontrar a su ni√Īo de cuarenta a√Īos. No olviden estos espectadores que el marido permite que ella se inculpe del homicidio y que la encarcelen. Al fin y al cabo es una homeless, piensa el te√≥ricamente buen marido, as√≠ que le est√° haciendo un favor porque en la c√°rcel le dar√°n comida y una cama.

Del personaje del padre biol√≥gico no dir√© nada porque sobra. No por culpa del actor; sino porque la historia es lo suficientemente fuerte. No es necesario ning√ļn tri√°ngulo.

En Emilia no encontramos los elementos del teatro del absurdo de las obras anteriores de Tolcachir como los mon√≥logos que se solapan para subrayar la falta de comunicaci√≥n, ni el non-sens, ni las repeticiones obsesivas, ni la polisemia de un espacio casi desnudo que sirve para m√ļltiples funciones. La gran actriz que interpreta a la ni√Īera (Gloria Mu√Īoz) contin√ļa marcando las fronteras del tiempo con sus cambios de tono y de gestualidad, tal como hac√≠an los actores de las obras anteriores, pero las historias se superponen menos; en lugar de cruzarse y amontonarse, en Emilia se exponen con orden. Incluso el t√≠tulo es m√°s plain. Sin juegos ingeniosos, el nombre de Emilia subraya que es, seg√ļn el director, la protagonista. Un testigo del drama como √©l. Emilia no es el arquetipo de la criada astuta y chismosa, sino de la criada fiel. Hasta aqu√≠ parecer√≠a tradicional. No lo es tanto. Emilia, como la mayor√≠a de criados literarios del siglo XX, supera a su se√Īor. Es una criada demasiado buena para un mal amo.

Tolcachir vuelve a profundizar en la instituci√≥n familiar, esta vez muy en serio. En los grupos cerrados, los conflictos se agudizan y retumban. Como ya sab√≠an los griegos y los novelistas del XIX, empezando por Dostoievsky, los parientes dibujan el marco ideal de la tensi√≥n dram√°tica. El dramaturgo argentino, en lugar de esforzarse por ser moderno, apuesta por la f√≥rmula cl√°sica y la renueva porque la concreta en un fen√≥meno contempor√°neo: una mudanza. Como me di cuenta mientras escrib√≠a Una casa para componer, los traslados de piso subrayan la provisionalidad de la existencia o de los proyectos en com√ļn mal fundamentados. ¬ŅD√≥nde est√°n los vasos?, ¬ŅDonde tenemos nuestras cosa?, se preguntan los personajes de Emilia, desorientados y desesperados.
Para entender que, en el teatro de Tolcachir, el texto y los actores lo son todo, es necesario haber estado en el local de Timbre 4 de Buenos Aires. El lugar es tan peque√Īo que los actores se comen al p√ļblico y lo hacen temblar. Ahora bien: aunque la distancia sea de unos cent√≠metros, los separan las paredes invisibles de la buena ficci√≥n. A pesar de la estrecha cercan√≠a, no ves personas sino personajes. Esta es la esencia de Timbre 4, as√≠ como las oposiciones de tono entre los actores. No en vano, las mejores escenas de Emilia son las del contraste entre la alegr√≠a de la nodriza y el nerviosismo familiar mal disimulado. Es esplendoroso ver las obras de Tolcachir en una gran teatro, pero nos encantar√≠a volver a verlas en Buenos Aires en el local diminuto, siempre lleno, donde fueron concebidas para una veintena de personas. M√°s intenso, imposible.


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