Directores, trovadores y sadomasoquistas

18/02/2014 by Nuria

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La Venus de las Pieles de Polanski da buen rollo. Nymphomaniac (2013 ) de Lars von Trier, no. De La grande bellezza, sales preocupado. Y de En la cama y Room in Rome, muy triste. Son películas recientes sobre sexo; todas excelentes. No es una casualidad de la cartelera: rara es la historia donde no lo hay. Sólo que, unas son mejores que otras. La de Polanski es la más literaria. Incluso más que la italiana, una re-recreación del Don Juan, con un viejo Casanova felliniano que baila disco con la jet para no escuchar memento mori. La de Lars von Trier es la más dura y antierótica. El sexo de la ninfómana es una condena. Charlotte Gaingsbourg folla sin parar, con cien, con mil, porque es su adicción. En la película de Lars von Trier, el sexo es un problema individual, mientras que, en la de Polanski, es un juego absorbente entre dos.

En la primera parte de Nymphomaniac (2013), encontramos el sexo joven e inconsciente. En la segunda, el dolor y la insatisfacción que produce de mayor. Qué terrible, la sala de espera tan triste del sádico. Duele más el silencio de las mujeres que si estuvieran gritando. Qué escalofriante es la iluminación clara de las escenas sadomasoquistas. Nos horroriza más que las torturas en un castillo gótico en penumbras que, a estas alturas, serían poco creíbles. En cambio, la sala nítida hace que la escena sea muy real. Demasiado.

El problema de la ninf√≥mana no es su adicci√≥n sino su falta de placer y de sentimientos. No siente nada, he aqu√≠ la paradoja. Y, sin embargo, no lo puede dejar. Maticemos. No es una oposici√≥n (si no te gusta, d√©jalo); es una b√ļsqueda desesperada. Ella quiere sentir. Es una carrera fren√©tica y fracasada para experimentar el m√°ximo placer. Pero sin amor, el reto es casi imposible.

El final es imprevisto y la deja sin esperanza: todos los hombres son iguales. No se puede ser su amiga, piensa, el sexo lo domina todo. A pesar de ser un final tan claro, dado su curr√≠culum, ni ella ni el p√ļblico nos lo esper√°bamos. El final magistral de la pantalla negra, donde s√≥lo resuenan los tacones que huyen, rubrica la firma deconstruccionista de Lars von Trier: los hombres no nos comunicamos, nos malinterpretamos, los di√°logos est√°n dominados por malentendidos. El cura parec√≠a que entend√≠a la mujer. Pues, no. En el fondo, dir√≠a el director, somos ingenuos. Llevaba tres horas ense√Ī√°ndonos su decepci√≥n sobre las relaciones humanas. La gente se acerca, se toca y, sin embargo, siguen siendo unos desconocidos.

A este nihilismo social hay que a√Īadir el segundo mensaje de la pel√≠cula: el sexo como rebeld√≠a y como acto individual antisocial. La escena donde se nota m√°s a Lars von Trier es la de la psic√≥loga, cuando la ninf√≥mana env√≠a al infierno al grupo de terapia. En su irreverente discurso de despedida, subraya (en nombre del director) que el sexo es una fuerza animal e indisciplinada, que no la doblegar√°n, que √©l y ella no se dejar√°n domesticar y har√°n las barbaridades que quieran.

Nymphomaniac I & II son obras duras. Me gusta mucho más su Melancholia. Es maravillosa. Igual de existencialista, pero más poética. De las recientes, también me ha cautivado la de Polanski. Curiosamente, Lars von Trier y él comparten la visión antisocial del sexo. Una infracción de las normas que nos viene de Sacher-Masoch. La revolución que supuso La venus de las pieles en 1881 se basó en:

1) La inversión de géneros: un hombre dominado por una mujer. Hoy en día, el cambio de jerarquía todavía es rarísimo.

2 )¬†La tradici√≥n trovadoresca: un enamorado a merced de una¬†belle dame sans merci. Este punto es tradicional, la base hist√≥rica y literaria de donde arranca Masoch. Se adora a la amada como a una diosa que dif√≠cilmente conseguiremos: ‚ÄúS√≥lo se puede amar lo que est√° por encima de nosotros‚ÄĚ, dice el escritor austr√≠aco. La¬†madame¬†marca las reglas como lo hac√≠a la¬†midons¬†de los trovadores, de manera casi inmisericorde. Se empieza difiriendo el encuentro tan anhelado: ‚ÄúAmado m√≠o: no te ver√© ni hoy ni ma√Īana, sino pasado ma√Īana. Y ya como mi esclavo. Tu ama, Wanda‚ÄĚ. M√°s adelante, le har√° esperar un mes.

3)¬†El materialismo: Paso del¬†plany¬†(o lamento) trovadoresco al dolor f√≠sico. Sacher- Masoch complement√≥ el amor espiritual con el material. No lo hizo introduciendo un¬†druit¬†‚Äďun amante ad√ļltero y feliz‚Äď, sino a trav√©s de un amante rechazado. Masoch transform√≥ el platonismo literario y el erotismo boccaciano vitalista en una sujeci√≥n f√≠sica a una Venus animalesca vestida con pieles. Asimismo, hizo que el dolor del alma y la languidez se encarnaran (se metaforizasen) en el dolor aut√©ntico, f√≠sico, que causan las heridas en el cuerpo.

4) Y la inversión de clases: un noble convertido en criado por capricho de su amada. Para Severin von Kusiemski se trató de la peor degradación.

En la pel√≠cula de Polanski tenemos todo esto en clave moderna, con el a√Īadido del amor y el humor. Y con menos machismo (recordemos que Masoch conclu√≠a que, si los hombres no somet√≠an a sus mujeres, terminar√≠an dominados por ellas). No estamos en el siglo XIX sino en el XXI. La veneraci√≥n amorosa es el elemento com√ļn entre Masoch y Polanski. En esta revisi√≥n igualitaria actual, el masoquismo es visto como un estado antiegoista; es el amor al m√°ximo, lo que har√≠a el uno por otro para no perderlo: incluso degradarse y humillarse. ‚ÄúQuiero ser tu esclavo, servirte, soportarlo todo por ti, pero no me rechaces‚ÄĚ, dice Severin en la novela.

El film de Polanski de 2013,¬†La V√©nus √† la fourrure, actualiza y mejora el pensamiento de Sacher-Masoch, y conecta con un film suyo anterior,¬†Bitter moon¬†(1992) rest√°ndole amargura. La relaci√≥n sadomasoquista de 1992 era perversa y enfermiza, mientras que la de 2013 es m√°s l√ļdica y teatral.

Mejor dicho: metateatral. El juego de poder va m√°s all√° del sexo. Polanski traslada con gran acierto el masoquismo al escenario. Y plantea: ¬ŅQui√©n manda? ¬ŅEl director o los actores? Polanski responde (con la modestia y el humor que dan los a√Īos y la sabidur√≠a) algo como: ‚Äú¬°Oh, sin duda, los actores! Yo soy un t√≠tere en sus manos. Hacen de m√≠ lo que quieren. Pero me encanta.‚ÄĚ El paralelismo con la novela de Sadoch es perfecto. Actriz y director han invertido los papeles. No dir√≠amos lo mismo de Lars von Trier, un director con fama de s√°dico, poco dispuesto a dejar que los actores o la cr√≠tica le dominen. En cualquier caso, la ficci√≥n se mezcla con la realidad. Y la seducci√≥n con la profesi√≥n. Sobre todo en Polanski. Las capas de su obra son muchas, tal como expone su compositor Alexandre Desplat, compar√°ndolas con las mu√Īecas rusas. El juego metateatral es tan profuso que incluso el actor que interpreta el director se parece a Polanski cuando era m√°s joven. Por no decir que la actriz vuelve a ser su mujer, Emmanuelle Seigner, con lo cual tambi√©n se simula un reflejo autobiogr√°fico como en¬†Bitter moon. Los estratos ser√≠an: Polanski, director cine = Matthieu Amalrich, actor = Thomas, director de teatro en la ficci√≥n = Severin, personaje de la novela de Sacher-Masoch.

Los diversos niveles de discurso desde lo metateatral a lo sexual ‚Äďpasando por lo hist√≥rico, lo pict√≥rico y lo literario‚Äď hacen de¬†La venus de las pieles¬†de Polanski una pel√≠cula compleja pero comprensible. La obra transmite una felicidad similar a la de Shakespeare y sus comedias dentro de la comedia. ¬°Qu√© buenos son los tres cambios de dicci√≥n cuando Vanda interpreta a la actriz vulgar de Thomas, luego a la Wanda refinada de Masoch, y m√°s tarde a una Venus de estilo Marlene Dietrich con acento alem√°n!

 


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